053

2 Responses to “053”

  1. GA Says:

    Genial. Es como un grito de socorro escrito con alegría. Pura contradicción. Gracias. Te dejo el fragmento de un relato que esta idea de Bolaño en otro tiempo me inspiró (agosto, 2.005):

    “…El chico llevaba un montón de cuartillas bajo el brazo izquierdo, pegó tres o cuatro en un lateral, y sólo cuando salió despedido me di cuenta de que iba sobre patines. Decidí no enfadarme por algo que a fin de cuentas ya era irremediable, y porque justo entonces se abrían ante mí las portezuelas del autobús que debía tomar si quería llegar a tiempo, pero antes de pagar por el viaje me volví para ver lo que el tipo aquel había escrito, y fue como una de esas punzadas del destino leer el NO PUEDO MAS que había pintado del revés para que lo leyeran los que, como yo, mirasen por delante. No sé cual fue el impulso al que obedecí pero, en lugar de quedarme en aquel autobús por el que había esperado, me fui hasta la farola donde estaba él, pegando nuevos carteles, y le pregunté por qué escribes que no puedes más, siendo entonces cuando le tuve frente a frente por primera vez, sin saber aún la repercusión ciclónica que aquel encuentro tendría sobre mi futuro. El mensaje es lo de menos, me dijo casi sin mirarme, tan solo se trata de llamar la atención, en esta puta ciudad hay un noventa por ciento de gente que no puede más, así que escribiéndoselo a la cara, tal vez se animen a leer los carteles. Cuando terminó de decirme aquello me miró con sus ojos azules, en los que ya entonces creí ver el reflejo de muchos sueños acallados, y me tendió la mano diciéndome yo soy Tristán. Casi antes de que me desprendiera de su apretón él ya se había alejado patinando a gran velocidad. Me volví a la parada y de nuevo me enfrasqué en la lectura, pero a los diez minutos, cuando ya venía el siguiente autobús, me dio por leer uno de aquellos carteles, y vi que sólo era un panfleto revolucionario en el que se hablaba de chaladuras varias, y en el que, con una letra tan pequeña que incluso con lupa me costó leerla, se proponía una misteriosa reunión. Lo único que pensé fue que acababa de conocer a un pirado. Pero a los pocos días ya me estaba planteando si debería ir o no a ver de qué iba aquello, y creo que si lo hice fue más que nada porque no tenía nada mejor que hacer, y además, porque aunque el tal Tristán seguramente fuera un chiflado, pensé que en sus ojos había demasiada seguridad. A medianoche llegué al lugar que se indicaba. Era un local destartalado en el sótano de un edificio en ruinas, para llegar al cual había que atravesar un pasillo bastante tétrico por el que había flechas fosforescentes en el suelo indicando el camino, así que me armé de valor y llegué a la puerta del fondo donde ponía, con letras rojas relucientes: REVOLUCION LUGAR PRIVILEGIADO….”

    De nuevo disculpas por la invasión.

    Un saludo,

    Gabriel A.

  2. soyfaca Says:

    Gabriel
    nuevamente muchas gracias por compartir este texto, estas ideas que sin duda serán tomadas como punto de partida hacia nuevas derivas.
    Cariños

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